Hace muchos años leí una historia que me quedó grabada.
Eran Cordyceps. un hongo que hoy se utiliza como medicinal.
Después de consumirlos, esos animales parecían entrar en un estado… primaveral.
Más activos. Más vitales. Más dispuestos al apareamiento, muuucho mas dispuestos.
De ahí nace una idea que todavía circula:
el famoso “viagra fungi”.
Pero como suele pasar, la historia no termina ahí.
Lo que se busca… y lo que aparece
En mi experiencia como productora y acompañando personas, muchas veces el Cordyceps llega por ese motivo.
Hombres —sobre todo a partir de cierta edad— que buscan mejorar su rendimiento.
Personas activas, deportistas, con ganas de sostener energía.
Pero lo interesante empezó a aparecer por otro lado.
Muchas mujeres también comenzaron a usarlo.
Algunas recomendadas por profesionales, incluso ginecólogas que ya lo incorporan en sus prácticas. Reducir los calores de la menopausia, suavisar dolores, regular ciclos.
Pero otras mujeres, llegaban desde la confianza, en conversaciones íntimas, donde aparece algo que no siempre se dice en voz alta. "Tengo unas ganas..."
Y ahí surge algo llamativo.
No tanto una “estimulación”,
sino una conciencia corporal distinta.
Sensación de presencia.
De conexión.
De cuerpo activo.
Cuando la energía no alcanza
En mi caso, el encuentro con el Cordyceps fue por otro motivo. Nada épico!
Después de un proceso personal intenso — desiciones dolorosas, mudanza, maternidad, trabajo, sostener un nuevo espacio— había algo muy concreto:
La energía no me alcanzaba. Lo cotidiano, parecía infinito.
A las 8 de la noche estaba agotada.
Con esa sensación de tener que sostenerme con las uñas de las paredes para llegar al final del día.
No era falta de ganas.
Era falta de energía disponible.
Me dormía sentada.
En ese momento, empecé a tomar Cordyceps en dosis muy pequeñas.
Sin buscar demasiado.
Y algo empezó a ordenarse.
No fue un “subidón”.
No fue euforia.
Fue más bien esto:
llegar al final del día sin estar rota.
tener un poco más de resto, poder sostener.
La libido no siempre es sexual
Hay una idea que me interesa mucho compartir.
La libido no es solo sexual.
Es energía vital.
Puede estar puesta en el deseo, sí.
Pero también en proyectos.
En decisiones.
En movimiento.
En crear.
Cuando esa energía está disponible, cambia la forma de habitar la vida.
Y cuando no lo está, también.
Cuando la energía vuelve, algo se despierta.
No necesariamente hacia afuera.
Sino hacia adentro.
Elegir dónde poner la energía
Y ahí aparece algo que para mí es central.
No se trata solo de tener más energía.
Se trata de poder elegir qué hacer con ella.
A veces es deseo.
A veces es trabajo.
A veces es crear.
A veces es simplemente estar.
Pero hay una diferencia enorme entre ignorar el agotamiento, suprimir la info, a moverse desde un lugar con energía disponible.
¿Entonces… viagra fungi?
Sí.
Podría decirse que el Cordyceps tiene ese efecto.
Pero reducirlo a eso es quedarse en la superficie.
Porque lo más interesante no es cuánto activa,
sino cómo acompaña.
Cómo ordena.
Cómo sostiene.
Cómo permite que la energía vuelva a circular.
Y en ese punto, el Cordyceps deja de ser un “estimulante”…
La libido como luz
Falta dirección.
Y ahí es donde esta frase empezó a tomar sentido para mí:
La libido no siempre es sexo. A veces es luz para atravesar la noche.
Como un faro.
Como un camino que aparece entre la oscuridad.
No te arrastra, ni te drena.
Te devuelve tu propia energía, y recuperás tu guía interna.
Y a veces, eso es todo lo que necesitamos.
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