Una práctica de autocuidado para despertar la piel en primavera.
Viene la primavera, se van las bufandas y vuelven las musculosas.
La piel emerge.
Y quizás, al volver a mirarnos un poco más, descubrimos algunas consecuencias del invierno: tomamos menos agua de la necesaria, nos movimos menos, pasamos más tiempo quietos, protegidos del frío. El cuerpo también entra en otros ritmos.
Por eso, la llegada de la primavera puede ser una buena oportunidad para despertar.
Despertar el movimiento, recuperar pequeños hábitos y volver a prestar atención a nuestro cuerpo.
Y si hablamos de cuidado de la piel, hay una combinación que me gusta especialmente:
¿Lifting facial o Tremella?
La respuesta es: ambos.
Porque una cosa es una práctica que podemos hacer con nuestras propias manos y la otra es un hongo que puede acompañar nuestro cuidado desde adentro.
Tremella: la musa del cuidado de la piel
La Tremella fuciformis es un hongo que desde hace mucho tiempo forma parte de las tradiciones orientales vinculadas al cuidado de la piel.
Su aspecto ya resulta bastante particular: parece una pequeña flor o un coral blanco, delicado y translúcido.
Pero lo que me interesa especialmente de Tremella no es solamente el hongo.
Me interesa lo que puede representar.
En Suelo Vivo hablamos mucho de volver a la naturaleza, de conocer la biología del planeta y también de volver a conectar con nuestra propia biología.
Y desde esa mirada, para mí el bienestar no consiste solamente en encontrar algo que podamos comprar para sentirnos mejor.
Yo creo que tengo dominio de mis acciones.
Y hay muchas acciones sencillas que podemos hacer por nosotros mismos.
No necesitás dinero para comprar bienestar.
- Podés tomar agua.
- Podés moverte.
- Podés respirar.
- Podés descansar.
- Podés preparar una comida con buenos ingredientes.
- Podés salir al sol.
- Podés tocar tu propio cuerpo.
- Podés dedicarte diez minutos.
Y justamente por eso quiero proponerte algo muy sencillo para esta primavera: un automasaje facial.
El lifting facial está en tus manos
Antes de pensar en productos, podemos empezar por una práctica.
El automasaje facial consiste en realizar movimientos suaves sobre distintas zonas del rostro, siguiendo determinados recorridos.
La propuesta que te comparto trabaja 10 pasos, comenzando por el cuello y recorriendo mandíbula, mentón, mejillas, nariz, sienes, frente y cejas. Después de movilizar el rostro, sumamos dos pasos importantes: drenaje e integración.
La idea es estimular suavemente la circulación, acompañar el drenaje linfático, trabajar la sensación de flacidez y ayudar a relajar la musculatura facial.
Y lo más interesante es que no necesitás comprar nada.
Tus manos ya están con vos.
1. Cuello
Comenzá con movimientos ascendentes desde la base del cuello.
2. Mandíbula
Desde la zona inferior del rostro, llevá las manos hacia arriba y hacia las orejas, recorriendo el contorno de la mandíbula.
3. Mentón
Realizá movimientos ascendentes desde el mentón.
4. Mejillas
Desde las mejillas, realizá movimientos diagonales hacia arriba.
5. Nariz
Realizá movimientos suaves hacia arriba.
6. Sienes
En las sienes podés realizar movimientos circulares o hacia atrás, buscando acompañar la relajación de la tensión facial.
7. Frente
Desde la zona inferior de la frente, realizá movimientos verticales ascendentes.
8. Cejas
Recorré las cejas hacia afuera.
9. Drenaje
Ahora llevá suavemente todo lo que movilizaste hacia el cuello. Con las manos abiertas, descendé desde los laterales del cuello hacia la base, terminando por encima de las clavículas. La presión debe ser muy suave: estamos trabajando sobre un sistema superficial, no sobre los músculos. Este paso busca acompañar el recorrido del líquido linfático hacia la zona de drenaje del cuello y el pecho.
10. Integración
Para terminar, apoyá las palmas de las manos sobre todo el rostro, como si te estuvieras lavando suavemente la cara. Hacé unos movimientos lentos y envolventes, integrando todo el recorrido que acabás de realizar.
Y quedate unos segundos ahí.
Respirá.
Sentí tu rostro.
El masaje termina, pero el gesto de cuidado puede continuar.
El verdadero desafío no es aprender el masaje
Aprender estos ocho movimientos puede llevarte unos minutos.
Lo difícil, muchas veces, es otra cosa:
dedicarnos ese momento.
Porque sabemos qué nos hace bien y aun así no siempre conseguimos convertirlo en una práctica.
Ahí aparece algo que para mí es fundamental:
la constancia de una acción es la que puede convertirla en un hábito.
No hace falta empezar con una hora de meditación, una rutina imposible o una lista interminable de cosas para hacer.
Podés empezar con diez minutos.
Diez minutos para vos.
Diez minutos para tocar tu rostro, respirar, tomar agua y empezar el día de otra manera.
Y acá aparece Tremella
Si el automasaje es una forma de acompañar el cuidado desde la acción, Tremella puede ser otra forma de acompañarlo desde adentro.
Ahí es donde para mí las dos cosas se encuentran.
No se trata de elegir entre el hongo o tus propias acciones.
Se trata de entender que el hongo acompaña; las acciones crean hábitos.
Como productora artesanal de tintura madre de Tremella, puedo además ofrecerte esta preparación como una herramienta práctica para incorporar el hongo a tu rutina.
Y justamente la practicidad importa.
Porque cuando queremos crear un hábito, cuanto más sencillo sea incorporarlo a nuestra vida cotidiana, más fácil puede resultar sostenerlo.
Una de las posibilidades es incorporarlo a ese primer momento del día: mientras te hidratás con agua o jugo, podés sumar tu tintura.
Un pequeño gesto.
Un acto de cariño hacia vos misma.
Como poner un primer rayito de luz de amor propio en la mañana, cuando también empieza a entrar la luz de la primavera.
¿Lifting facial o Tremella?
Ambos.
Porque el automasaje no necesita reemplazar a la Tremella, ni la Tremella necesita reemplazar tus propias acciones.
Una práctica está en tus manos.
La otra puede acompañarte desde la naturaleza.
Y quizás el verdadero lifting sea empezar a mirarnos de otra manera: no como alguien que necesita encontrar una solución afuera, sino como alguien que también puede hacer algo por sí misma.
En Suelo Vivo me interesa justamente eso: volver a la naturaleza, conocerla, aprender de ella y volver a conectar con nuestra propia biología.
A veces el bienestar empieza con algo muy sencillo.
Un vaso de agua.
Unos minutos de movimiento.
Tus propias manos sobre tu rostro.
Y la decisión de volver a hacerlo mañana.
¿Querés incorporar Tremella a tu rutina?
Si querés acompañar esta práctica usando Tintura Madre de Tremella, podés conocer las presentaciones disponibles de 50 cc y 100 cc.
👉 ¿Te interesa el cuidado de la piel desde adentro?
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